Las ciudades del mañana.

La población mundial crece a tal ritmo que se estima que, en el año 2050, entorno al 80% de la población esté instalada en núcleos urbanos. Esta expansión nos llevará a una sociedad que vivirá en un mismo entorno, y por tanto, es obligatorio plantear y gestionar como serán estas ciudades.

En esta linea, los expertos estudian lo que se conoce como Smart Cities (Ciudades Inteligentes). Andrea Caragliu las define así: “Una ciudad es inteligente cuando se realizan con correctas inversiones de capital humano, infraestructuras de transporte y tecnologías de información, a través de un crecimiento económico sostenible y alta calidad de vida, con una gestión racional de los recursos naturales y un gobierno cercano y participativo”.

Se persigue con este nuevo modelo utilizar infraestructuras asociadas a redes para mejorar la eficiencia económica, permitiendo el desarrollo social, cultural y urbano, atraer nuevos modelos de negocio que potencien la economía del lugar.

Con unos recursos cada vez más escasos, ¿Cómo se consigue este desarrollo social y sostenible? La respuesta no es nada fácil, aunque diversos estudios nos llevan a una serie de ejes a seguir para conseguir el éxito:

-Smart Economy (Economía inteligente):Hace referencia a la competitividad que puede ofrecer una ciudad en su crecimiento y desarrollo, su espíritu innovador y empresarial, su flexibilidad en el mercado laboral, la inserción internacional, la capacidad de adaptarse a cambios, Es obligatorio abrir las puertas a las nuevas fuentes de energía, e invertir en ellas con una financiación de los gobiernos.

-Smart Governance (Gobierno Inteligente): Éste sería aquel que desde el punto de vista del ciudadano, lo considera cercano a él, aplicando políticas sociales y medioambientales, haciendo uso de la tecnología para conseguir la interconexión entre gobierno y ciudadano.

-Smart Mobility (Movilidad Inteligente): Lograr unos sistemas de transporte sostenibles, seguros e innovadores, que generen una fuente de beneficios e interés cultural, mejorando el cambio climático. Un ejemplo podría ser el coche eléctrico, o las medidas que fomentan el uso del transporte público, la prioridad para ciclistas y peatones, intentando reducir el uso del coche utilitario.

-Smart People (Gente inteligente): Estas ciudades necesitan sustentarse de un capital humano válido y cualificado, por lo tanto, los núcleos urbanos deben ofrecer la posibilidad de formarse al ciudadano, provocando un mercado laboral más atractivo y con capacidad de retroalimentación.

-Smart Living: Se refiere a la calidad de vida que nos ofrece la ciudad, incrementando la cultura, la seguridad y la salud.

-Smart Environment (Entorno Inteligente): No es posible olvidarse del capital medioambiental, la cantidad y calidad de los recursos naturales que posee el entorno y la capacidad de gestionarlos correctamente.

Todos estos ejes señalados, sustentan y posibilitan el éxito de una Smart City, pero es necesario que todos ellos estén conectados entre sí, que exista una relación sinérgica.

Antonio Varela García

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6 pensamientos en “Las ciudades del mañana.

  1. El modelo de las Smart Cities se plantea como una posible alternativa a la hora de ofrecer una manera de gestionar los recursos limitados que poseemos, con la necesaria colaboración de los diferentes organismos públicos, mediante la aprobación de medidas ajustadas a las diferentes realidades y problemáticas, y con la connivencia de los diferentes habitantes, manifestada a través de una participación cada vez más activa en los sistemas socio ecológicos, de cara a conseguir y fomentar una mayor concienciación ambiental.
    Parece evidente que para alcanzar niveles de desarrollo adecuados, los diferentes sistemas económicos, financieros y productivos han de experimentar tasas de crecimiento aceptables y sostenibles a lo largo del tiempo. En este caso concreto, llegar a casar unos niveles de productividad medianamente altos y a la vez, conseguir que todo ello se pueda enmarcar en entornos vivibles para los individuos, se podría llegar a considerar como una utopía.
    En el caso de los mercados internacionales, se menciona la necesidad de llevar a cabo medidas y políticas tendentes a la liberalización de los mercados, permitiendo la libre entrada de capitales extranjeros, en inversiones foráneas potenciando de algún modo que puedan aparecer situaciones de monopolios y /o monosopnios. Es más, el sistema financiero tendría la posibilidad, aún mayor, de intercambiar y comercializar con activos financieros que reportaría a las diferentes entidades mayores beneficios y dividendos a los accionistas de las mismas.
    Se presentaría, en definitiva, como una alternativa que resultaría plausible desde un punto de vista pero a la vez, plantea incertidumbres y desconfianzas, ya que este modelo se basa en previsiones que pueden ser más o menos acertadas.

    • Es comprensible que el modelo de Smart City tenga sus detractores, puesto que se basa en previsiones y estimaciones que crean incertidumbres y desconfianzas, como bien has señalado. Además, las ciudades que más se acercan al concepto de `ciudad inteligente´ no llegan a cumplir todos los requisitos necesarios. Tokyo, Londres, Nueva York, Zúrich, pueden ser los ejemplos que más se aproximen, pero unas fallan en cohesión social, otras en compromiso medioambiental, etc.
      Aún fallando en algo, yo soy partidario de que se siga intentando, de que se busque la forma de mejorar. Que no se reúnan todos los aspectos necesarios para llegar a la ciudad perfecta, no quiere decir que la ciudad no se pueda ir perfeccionando. Instalar paneles fotovoltaicos, más medios de transporte público, vehículos eléctricos, molinos eólicos en farolas, paneles solares para semáforos, promocionar y desarrollar el uso de bicicletas, favorecer la creatividad, aumentar la cohesión territorial y social, financiar la innovación, etc. Todas estas medida y muchas otras, no creo que hagan ningún daño, al contrario, son actos que pueden llevar a una ciudad a convertirse en más eficiente y sostenible.

  2. Al hilo del tema que estamos debatiendo sobre Smart cities + inteligencia territorial (Recuperar el sentido del vínculo y de trabajar juntos …), me parece interesante la noticia que ha salido hoy día 12 de noviembre de 2014 en relación al cambio climático: Acuerdo histórico China-EE.UU para reducir emisiones de gas.
    China se ha comprometido a que sus niveles de emisiones alcanzarán su nivel máximo en el 2030 para comenzar a reducirse, y Xi ha afirmado que en ese año un 20% de la energía producida en su país procederá de fuentes limpias y renovables. Por su parte, Estados Unidos reducirá sus emisiones para el 2025 entre un 26 y un 28 por ciento con respecto a los niveles de 2005, lo que supone el doble del recorte previsto entre 2005 y 2020.
    Este acuerdo sobre cambio climático, que se ha estado negociando durante meses entre ambas capitales, busca promover un pacto a nivel global ante la conferencia sobre el cambio climático que tendrá lugar en París en el 2015.
    El presidente chino ha subrayado que China y EEUU han emprendido “un nuevo modelo” para las relaciones entre potencias y ha celebrado el nivel de entendimiento entre ambos gobiernos.
    Para más información se puede visitar la página web elperiodico.com

  3. Desde mi punto de vista, y como ya comenté en la sesión presencial, veo el concepto Smart city demasiado abierto, y como “clavo ardiendo” al que agarrarnos ante lo que según los expertos, nos deparará el futuro.
    Es muy sencillo hablar de nuevas fuentes de energía o de capital humano válido, pero la realidad es que a medida que avanzamos hacia ese futuro no tan lejano, las políticas sociales y económicas no hacen más que asentar mis dudas sobre este plan.
    Todos vemos como algo esperanzador esta alternativa, sin embargo, las dudas residen en la base del plan, y es que si según Andrea Caragliu la ciudad “es inteligente cuando se realizan correctas inversiones…”, estas resultan mínimas para la concepción que se pretende realizar, y los esfuerzos que se tienen que hacer para alcanzar la meta dispuesta.
    Comparto que es un objetivo esperanzador, que en caso de ir viendo resultados daría la posibilidad de seguir invirtiendo y seguir formando ese capital humano, con el cual trabajar para llegar a nuestro fin. Por el contrario, como bien dice el compañero, todas las ciudades fallan en algo, pero lo peor es que en muchos casos, esos fallos no son capaces de remediarlos, y en nuestro país tenemos múltiples prácticas sociales que nos conducen al abismo en este ámbito.
    Por otra parte, vemos como tanto China como EEUU alcanzan acuerdos de reducción de emisiones, pero también observamos cómo estas reducciones se lograrán en un largo plazo, incluso admitiendo que las emisiones seguirán aumentando treinta años más. En mi opinión, si dos gigantes como los mencionados, a pesar de la alarma climática y energética que sufre el mundo, posponen medidas más importantes, será difícil concienciar a otros países de cuál es la dirección correcta en este sentido.
    Para concluir, decir que personalmente el concepto teórico del que hablamos me parece un avance importante, pero la realidad que vivimos es práctica, y no observo en los países una progresión como la que se debería acometer.

  4. Desde hace un tiempo, las SmartCities están en la agenda política. No hay ciudad que se precie que no quiera estar en la vanguardia que supone ser una ciudad inteligente. Sin embargo, nadie parece saber bien qué son ni por qué se las puede considerar inteligentes.

    Así, para mí, tal como se está configurando la idea de qué es una SmartCity, se está recorriendo mal el camino ya desde el inicio, debido a que se está mirando el problema de la gestión de las ciudades desde el prisma equivocado. Se ha puesto sobre la mesa un debate ciertamente estéril, supongo que por la visión comercial de los lobbies implicados en el desarrollo de la idea, mayoritariamente centrados en proyectos tecnológicos e industriales.

    De este modo, la preocupación surge de dónde aplicar las tecnologías para estandarizar y automatizar todos los servicios ciudadanos y no tanto de cómo éstas pueden cubrir demandas de los ciudadanos, pues devuelve a los habitantes de las ciudades una condición que han perdido y deben recuperar.

    Sin embargo, según entiendo las SmartCities, el debate debería basarse en los motivos para el uso de esas tecnologías. En el fondo, las ciudades demandan una planificación y una nueva forma de gobernar, mucho más participadas por la ciudadanía y que permitan que las ciudades resulten mucho más eficientes (en tres frentes fundamentalmente: edificación, movilidad y sistemas energéticos).

  5. En cuanto a las Smart cities, quiero hacer referencia a vemos como se está apostando por estas aunque hay veces que no se sabe bien de que se trata. Desde mi punto de vista una ciudad se considerara inteligente si su capital humano mantiene una relación con las comunicaciones y las infraestructuras de forma que la hace sostenible desde un punto de vista económico, siendo el papel de las tecnologías de la información y la comunicación es fundamental. Su uso se aplica a los distintos ámbitos de la sociedad en búsqueda de una mejora en la calidad de vida de los ciudadanos.
    Estas Smart cities pueden dar lugar a todavía una mayor diferenciación y exclusión social entre diferentes “asentamientos”, ya que si a las ciudades le comenzamos a transformar en las smart que queremos sin tener corregido el problema de infraestructuras y cohesión social entre los diferentes lugares, no ya de un país si no de un planeta pues las diferenciaciones de clases serán cada vez más pronunciadas.
    Para concluir me gustaría destacar que si estoy de acuerdo con que estas Smart cities se lleven a delante siempre y cuando la sociedad se vea beneficiada en su conjunto, pues si estas serán capaces de reducir el impacto medioambiental se trata de una buena noticia para toda la población mundial.

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